César Jones: “No sé muy bien porqué hago porno, pero sí sé que no podría vivir sin hacerlo”

En diálogo con este medio, el cineasta habló sobre la pasión por el oficio elegido.

Dueño de un lenguaje exquisito y una mente brillante, César Jones es un artista platense que prefirió dedicarse al tan mentado, amado y polémico cine XXX.

Durante una entrevista con PILA, el cineasta se expresó sobre la prolífica carrera que supo construir como también presentó su más reciente producción que pronto saldrá a la luz.

-Te dedicás a un estilo definido como “porno de autor”, ¿de qué manera lo explicarías para aquellos que no están empapados en el tema?

-Más que dedicarme, se me ha sindicado bajo ese rótulo, y supongo que es útil en tanto explica mi juego vital irrenunciable de desnudarme incondicionalmente en cada film, en cada proyecto, en lo que atañe a mi relación libidinal, cambiante y movediza, con el prójimo y con el mundo. Esto es apenas un modo de hacer porno y no implica prestigio ni jerarquía alguna sobre otros encares dentro del género.  De hecho, disfruto horrores del porno más despersonalizado y serial que abunda en la Red.

-El séptimo arte es una expresión artística por demás compleja a la hora de buscar financiamiento y mucho más al momento de la distribución, ¿cuál es tu mirada al respecto?

-Hace ya muchos años que mis contenidos están emplazados en diversas plataformas P.P.V. y V.O.D. con sede en distintas ciudades del orbe.  Este tipo de modalidades me permitió sobrevivir y seguir haciendo girar la rueda de la producción.  No obstante, la tendencia, al parecer inexorable, apunta hacia el porno de tipo gratuito para el receptor, monetizado lateralmente (publicidad, sponsoreo, etc.) por el productor.  El problema, el dilema que se me presenta y se nos presenta a varios en este punto, es que para obtener rendimiento dentro de este último esquema, se necesita abastecer la/s plataforma/s de turno con una cantidad tal e incesante de material que un pequeño productor como yo no está en condiciones económicas ni psicológicas de llevar a cabo.  El futuro dirá.

-Este año formaste parte de una producción que contó con inversiones extranjeras, ¿cómo está ese proyecto?

-Así es, el proyecto está en fase final de postproducción, se llama ADICTAS AL JUEGO SUCIO 1 y contó con aporte de capitales y talentos provenientes de U.S.A., Colombia y por supuesto Argentina.  Como contrapartida a lo que expresaba en respuesta a la pregunta anterior, más de una vez he tenido la suerte de que se cruzaran en mi camino productores/mecenas que han financiado desprendidamente algunas de las producciones LPsexxx.   De hecho, en esta ocasión, tuve la oportunidad de trabajar con un presupuesto de una generosidad nunca antes conocida por mí.  Creo que lo aproveché bien.

-En este contexto feminista, donde las luchas y conquistas de género son las protagonistas de la era,  ¿cuál es tu postura como artista y como hombre? ¿Hay prejuicios a la hora de llevar a cabo tu trabajo? ¿Cómo salís de la tan mentada “cosificación de la mujer”?

-Frente a cualquier fenómeno del mundo lo que intento es pensarlo, antes que sentar postura, y no como el artista que no quiero ser ni como el hombre que tal vez sea, sino como la persona que soy. Creo que la principal conquista del feminismo de estos años es la de haberse erigido como discurso único, que disciplina inmediata e higiénicamente a cualquiera que ose tocar una nota disonante respecto de sus nuevas tablas de la ley, incontestables y bajadas de no sé qué monte.  Frente a semejante panorama, los únicos prejuicios posibles nacen del seno del propio feminismo (lo cual de ningún modo es mi problema) y, en tanto ideología extorsiva, de la posibilidad de censura directa o inducida en terrenos de materia creativa (única cuestión que de verdad parece excitar a esta gente).  Pues en mi caso, si ha generado algún efecto, debe ser el llamado “efecto rebote”: más victoriano torna el mundo, más libertinas y bestiales se vuelven mis pelis.  En cuanto a la cosificación, ocurre que no tengo la menor intención de salirme de ella.  En el porno y fuera de ella, en materia lúdico-sexual, es no sólo deseable sino necesaria y todos la practicamos, al ver porno, al mirar a alguien atractivo por la calle o cuando, en pleno juego sexual, nos abandonamos a una parte del cuerpo de nuestro amante por tiempo indeterminado.  ¿Esto significa que estamos olvidando su condición de ser vivo, de semejante?  Claro que no, significa que estamos embriagados en la sensualidad de los cuerpos, o disfrutando del presente absoluto de ese cuento de hadas para adultos que es el porno.  Luego, no me puedo hacer cargo del puritanismo y la mala conciencia reinantes: la “anempatía” criminal es patrimonio de psicópatas, no de la pornografía; y la neurosis del que ve pecado en todo lo que se mueve debería volcarse en un diván, en lugar de pretender imponérsele al mundo.

-¿Cuál es tu balance sobre el camino recorrido hasta ahora?

No soy muy hábil en términos de establecer balances, ni muy dado a llevarlos a cabo.  Sí puedo decir que con los años fui adquiriendo oficio, que felizmente noto progreso y aprendizaje: mis pelis más recientes son claramente mejores que las primeras.  No obstante hay cierta frescura de las primeras veces que ya no regresará y que no tiene caso buscar: allí talla la inexorabilidad del paso del tiempo, se trata de una cuestión celular, te diría.  En este sentido, ganamos y perdemos a cada paso (se gana en sofisticación y experiencia lo que se pierde en frescura juvenil, por así decirlo).  De lo que parezco tener reservas inagotables es del entusiasmo que me embarga al acometer cada nuevo proyecto.  La verdad es que yo no sé muy bien porqué hago porno, pero sí sé que no podría vivir sin hacerlo.  He ahí el famoso compromiso con el oficio.

 -Tus películas tienen un sustento en cuanto a los relatos, ¿cómo es la experiencia de llevar a cabo tu propia narración, marcar una manera de hacer porno y diferenciarte de las otras producciones del género?

-Mis pelis, que no siempre son narrativas ni argumentales (ADICTAS AL JUEGO SUCIO 1 será el mejor ejemplo de esto que afirmo), se sustentan más bien en mi presencia volcada en ellas del modo más maliciosamente honesto que me sea posible; pero se trata de un deseo y una necesidad, no de la intención de marcar territorio o diferenciarme de otros realizadores.  El punto es la autenticidad, no la originalidad, que viene por añadidura si la primera está presente.